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‘Las brujas de Zugarramurdi’: los excesos se pagan

01/11/2013

“A mí las brujas no me dan miedo, a mí lo que me da miedo son los hijos de puta” (Maritxu)

Ve el tráiler aquí.

Aunque nos ha dado grandes momentos, Álex de la Iglesia es un director de cine irregular y venido a menos con el paso de los años. Sus últimos trabajos lo demuestran: Balada triste de trompeta y La chispa de la vida poco tienen que hacer frente a películas de sus inicios como El día de la bestia o La comunidad, auténticas cintas clave del cine español de las últimas décadas. Con Las brujas de Zugarramurdi, De la Iglesia recupera ese humor negro y gamberro que parecía haber perdido a lo largo de su carrera en pos de producciones y guiones más pretenciosos. No obstante, esta película sigue sufriendo de uno de los males característicos de su cine: no saber cómo concluir una buena idea, algo que se traslada en una última media hora tediosa y mal aprovechada.

Las brujas de Zugarramurdi arranca con el atraco a un establecimiento de ‘Compro Oro’ por dos parados disfrazados de artistas callejeros en plena Puerta del Sol. Hugo Silva haciendo de Jesucristo plateado y Mario Casas como un soldado verde de plástico inician una huida para escapar de una pareja de policías. Para conseguirlo, atracan a un taxista y le obligan a poner rumbo a la frontera francesa. Es una huida doble, ya que también les persigue la histérica exnovia de uno de ellos para recuperar a su hijo, que también participó en el robo. Se trata de una fuga frenética que no da tregua al espectador. Unas escenas perfectamente hiladas y con los mejores chascarrillos de la película hacen de los primeros veinte minutos de Las brujas de Zugarramurdi una verdadera delicia. Es una pena que el resto del film no recupere el excelente ritmo del principio.

El inicio del film supone una trepidante huida hacia Francia en taxi tras atracar un 'Compro Oro'

El inicio del film supone una trepidante huida hacia Francia en taxi tras atracar un ‘Compro Oro’

La acción echa el freno una vez llegan los protagonistas a Zugarramurdi, un pueblo navarro donde se cuenta que se quemó a mujeres acusadas de brujería en el siglo XVII. La comedia realista del inicio, con una fuerte crítica a la sociedad española, se sustituye ahora por un humor muy negro. Entra en juego la fantasía, pero no como estamos acostumbrados. De la Iglesia introduce a personajes bizarros hasta el extremo en un universo de brujas caníbales que buscan acabar con la tiranía del hombre para imponer su liderazgo. Ese trasfondo sexista está presente a lo largo de toda la película. Se retrata la dualidad de siempre: hombres sencillos, poco inteligentes y ‘buenazos’ ven sus vidas rotas por culpa de mujeres frías y calculadoras, todas ellas encarnadas en brujas. Una guerra de sexos demasiado manida como para ocupar tanto metraje.

La menor de las brujas se enamora de uno de los ladrones y traiciona por ello a su familia

La menor de las brujas se enamora de uno de los ladrones y traiciona por ello a su familia

La trama en Zugarramurdi se sostiene por la excelente actuación de las tres generaciones de brujas: Terele Pávez, Carmen Maura y Carolina Bang. Apoyadas por unos secundarios de lujo, logran explotar todo lo que da de sí la historia, hasta que ésta se vuelve un sinsentido. El último tercio de la película decae y pierde toda la fuerza cómica que antes destacaba. Lo que al principio resulta gracioso termina siendo cargante y ridículo. La sensación que deja ese enloquecido aquelarre final es que Las brujas de Zugarramurdi habría sido una película redonda con una mayor dosis de ingenio y sin alargar innecesariamente el último acto. Como broche final, cierra el film un epílogo demasiado inconexo, marca de la casa del cine de de la Iglesia. Tan solo ayuda a introducir una innecesaria moraleja: el poder del dinero para corromper a los humanos.

Otro aspecto que lastra la calidad del film en su tramo final son unos efectos especiales chapuceros, que rezuman el encanto de lo cutre. Sin embargo, no todo está  al mismo nivel. Contrasta el movimiento irreal de las brujas al levitar con la más que convincente recreación de una gigantesca Venus paleolítica. Y sorprende que estos defectos se den en una de las películas más ambiciosas del cine español de este año, con un presupuesto que asciende a seis millones de euros.

La exnovia y los policías observan la macabra cena desde un agujero en el techo del comedor

La exnovia y los policías observan la macabra cena desde un agujero en el techo del comedor

Sin embargo, en líneas generales la puesta en escena es notable en casi toda la película. Se busca la rapidez, con escenas fugaces, planos rápidos y todos los giros de cámara posibles. Este frenesí está muy cuidado, algo más loable todavía al ubicar la acción en localizaciones tan dispares y complicadas como la Puerta del Sol, los bosques de Navarra o una cueva. La fotografía acompaña al argumento de la película, transmitiendo ese tono frío y siniestro que requiere la acción. La música tampoco desentona, con acordes perversos que suben de intensidad cuando la acción lo requiere. El equipo que está detrás de Las brujas de Zugarramurdi ha conseguido un producto muy solvente en lo técnico. Lástima de efectos especiales…

Pero si algo salva el film es su humor, presente en diálogos hilarantes y en un guión que sorprende en todo momento. Un humor que sobresale en la relación entre el dúo protagonista. Las personalidades de estos ladrones de poca monta se complementan a la perfección y conforman lo mejor de la película; incluso Mario Casas llega a bordar el papel de ‘cani’ descerebrado. Pero no son las únicas actuaciones convincentes. El reparto coral de Las brujas de Zugarramurdi funciona y logra poner el tono cómico cuando el argumento más lo necesita. No son papeles que destacarán en su carrera, pero sí ayudan a que la película sea digestible como comedia negra. Resaltan los personajes interpretados por Macarena Gómez, Jaime Ordóñez o Gabriel Delgado (la exnovia, el taxista y el niño), además de unos brillantes Carlos Areces y Santiago Segura como brujas.

El pesado aquelarre final echa por tierra lo que habría podido ser una película redonda

El pesado aquelarre final echa por tierra lo que habría podido ser una película redonda

A pesar de sus excesos, Las brujas de Zugarramurdi también explota las virtudes del mejor cine del director bilbaíno. Estamos ante una película muy agitada y surrealista, sobre todo durante la primera parte del metraje. La personajes, la mayoría interpretados de manera muy acertada, conforman un reparto ágil y sustentado por unos secundarios de lujo. Los diálogos son soeces, directos y aseguran un goteo constante de carcajadas en las salas de cine. Aunque la película vaya desinflándose conforme pasan los minutos, pesa más lo positivo. La rapidez y el humor negro nos devuelven al mejor Álex de la Iglesia, un director consciente de los fallos de sus últimos trabajos y al que solo le falta saber rematar las historias para brillar en el cine español. Un cine español que se nutre de películas como esta, que sin ser perfectas son recomendables para todo aquel que, como Montoro, dude de su calidad.

VALORACIÓN

Lo peor:

  • La caída en picado de la calidad del guión durante la última media hora. Se pierde la chispa, el humor y la agilidad que destacan en el resto de la película. De la Iglesia vuelve a ser incapaz de culminar un buen planteamiento.
  • Los efectos especiales, muy pobres. Deslucen lo que podrían haber sido unas buenas escenas de acción.
  • La trama de las brujas acaba saturando al espectador. La película se pierde en su propia fantasía. El resultado habría sido mejor potenciando el humor realista que ocupa las situaciones de la primera parte del film.
  • Ese epílogo completamente desubicado.
  • La guerra de sexos, aunque bien explotada en los diálogos personajes, acaba resultando cansina y dejando la sensación de que De la Iglesia ha querido plasmar un pensamiento misógino en el argumento.
  • Las soporíferas escenas del aquelarre.

Lo mejor:

  • El desternillante humor que bulle en la mayor parte de la película. Unos diálogos excelentes.
  • Los actores cumplen a la perfección en su papel. A destacar, Terele Pávez y Macarena Gómez. Importantísima labor la de los secundarios en medio de un reparto tan coral.
  • Un pareja protagonista muy efectiva.
  • De la Iglesia recupera al fin el humor negro y bizarro de sus inicios.
  • El ritmo frenético de la película, que desde el minuto cero atrapa al espectador. El fantástico inicio con el atraco y la posterior huida en esa suerte de pequeña road movie. Probablemente sean los mejores veinte minutos del cine de De la Iglesia.
  • Los tintes de comedia realista, llevando al extremo situaciones que podemos ver hoy día. Ese toque de humor de la España ‘cañí’, como en el vídeo de José Luis Moreno y su muñeco.
  • Planos y escenarios muy trabajados. La fotografía y la música ayudan al espectador a adentrarse en Zugarramurdi.
  • Sorpresa constante en un guión repleto de giros. No hay lugar para tópicos.
  • Los créditos iniciales son simplemente perfectos, aparición incluida de Angela Merkel.

NOTA: 7/10

GALERÍA

INFORMACIÓN RELACIONADA

Ficha técnica de Las brujas de Zugarramurdi (imdb.com)

Las brujas de Zugarramurdi podría tener segunda parte (diariodenavarra.es)

Las brujas de Zugarramurdi aún está lejos de las mejores cifras del cine español (teinteresa.es)

Las Cuevas de Zugarramurdi: la catedral del diablo (es.paperblog.com)

Las brujas de Zugarramurdi se estrenará en Rusia (europapress.es)

Ir al cine por 2,90 euros (lasprovincias.es)

Álex de la Iglesia: “Bajar el precio de la entrada es negocio para todos” (cadenaser.com)

Terele Pávez: “Nunca presumí ni de soltera, ni de moderna” (larazon.es)

El aquelarre de Montoro (cuartopoder.es)

|Sergio Abellán

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